Dharma cotidiano: El sufrimiento es opcional

"Para aquel que está libre de apego, ni hay sufrimiento, ni hay miedo": Buda
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Por: Akasavajri Martha E. Ríos López

‘¿Quien se va a reír de Mick Jagger?’ Haruki Murakami

¿Who’s going to laugh at Mick Jagger? Es el título del primer capítulo del fabuloso libro de Karuki Murakami ‘What I Talk About When I Talk About Running’, que recientemente me regaló mi buena amiga Ratnadhī. Ella intuyó que me gustaría y no estaba equivocada. Empecé a leerlo el domingo pasado, cuando el canto de los grillos, chicharras y pájaros empezaba a tapizar el caer de la tarde en el bosque adyacente al Parque Nacional El Tepozteco, en el Estado de Morelos. Con la lectura de este libro, me surge un estado mental que sólo puedo denominar como ‘reflexivo’ y ‘meditativo’. La lectura del libro de este autor, de origen japonés, me llena de gozo el corazón.

El título del primer capítulo es curioso: ¿Quién se va a reír de Mick Jagger? Si es un libro  de memorias enfocado en el acto de correr, ¿qué tiene que ver el rockero en esto? ¿correrá también? Esas fueron mis primeras preguntas. A decir verdad, las primeras páginas me parecieron inocuas. Solo que, pensando que uno de mis autores favoritos ‘no puede escribir cosas inocuas’, las volví a leer. Poco a poco ante mi fue surgiendo una meditación sobre los cambios que la vida trae inevitablemente consigo.

Al aproximarse la sexta década de su vida, Murakami toma como pretexto su vida como serio corredor amateur, como foco de su reflexión. El autor nos habla de cómo ha ido integrando a su vida cotidiana, a través del acto de correr, los cambios físicos, emocionales y mentales que vienen con la edad. Nos habla de cómo los va integrando sin experimentar sufrimiento y mucho menos duelo o añoranza por las habilidades y capacidades que sabe ha ido perdiendo y que no son recuperables. Nos habla de cómo se va adaptando lo mejor posible usando esos cambios a su favor.

El libro de Haruki Murakami me recordó otro libro que leí hace algunos años y que también hizo que en mi surgiera gozo durante la lectura: The Force of Character And the Lasting Life (la Fuerza del Carácter y la Vida Duradera), del autor norteamericano James Hillman. En este libro, Hillman (quien fuera alumno de Carl Jung) explora el significado del envejecimiento y las virtudes generalmente no vistas de los cambios físicos, emocionales y psicológicos que trae consigo. Me parece que en esencia, el libro de Hillman es un canto a la última etapa de la vida; sobre todo en una era en que lo joven y post-post-post-moderno están a la orden del día. La aparición de la llamada generación del Milenio (1984-2004), viene con un ethos que sobre enfatiza lo nuevo, lo progresivo, lo tecnológico y, de alguna manera, si no directamente sí por implicación, desdeña lo adulto, lo viejo y lo obsoleto. (Aunque me parece que, en cierta medida, cuando fuimos jóvenes todos desdeñamos lo viejo y lo vimos como  obsoleto.)

Hace 2500 años el Buda escogió el nacimiento, la enfermedad, el envejecimiento y la muerte para hablar de Dukkha. La raíz etimológica de Dukkha nos refiere a mal-estar; una podría hablar del malestar del individuo; mismo que puede convertirse en el malestar de la cultura (diferente al malestar de la cultura del que habló Freud). Estos cuatro eventos son parte fundamental de la vida. Vivir es Dukkha; vivir trae consigo un malestar casi existencial que es inevitable ya que las diferentes etapas de la vida, traen consigo de manera natural fluctuaciones o cambios físicos, emocionales y mentales. Algunos de los cuales pueden cambiarnos totalmente la perspectiva de la vida.

Cuando te desapegas alcanzas la serenidad inquebrantable y observas al mundo físico a través de la sabiduría del alma..

La gran incidencia actual de malestares emocionales y psicológicos, que se manifiesta como estrés, depresión, ataques de pánico, ansiedad generalizada, insomnio, dificultad para adaptarnos a nuestro entorno, etc., en gran medida pueden ser atribuidos a no saber muy bien cómo estar con la experiencia (con la vida); o no saber cómo reconocer la manera en que contribuimos a crear situaciones y/o dinámicas complejas que se convierten en conflictos aparentemente irresolubles; o cómo reconocer la manera en cómo nos afectamos los unos a los otros; o cómo gestionar las intrincadas veredas de la vida familiar, social e institucional, etc. Dadas estas dificultades, podemos decir que además del malestar inherente a estar vivo, creamos un malestar adicional. A este malestar adicional le llamamos sufrimiento; y es muy posible que lo creemos nosotros mismos sin que nos demos cuenta! O sea que sufrimos, no por terquedad, o por torpeza o porque somos estúpidos; sufrimos más bien por ignorancia

Hace ya algunos años, un filósofo de apellido Kierkegaard habló de que las personas tendemos a vivir en un estado de ‘doble desesperación’. Esto es, nos encontramos desesperados, pero a la vez estamos viviendo en un auto-engaño tal (yo le llamo ‘una vida como si’) que ni tan siquiera nos damos cuenta de que estamos viviendo así. Como el Buddha, este autor decía algo así como (no lo estoy citando textualmente): “…la mayor parte de mi sufrimiento es resultado de mis acciones. Soy un ser guiado por mis deseos. Al ser estos satisfechos gozo de un momento de saciedad e incluso de satisfacción. Pronto este estado de satisfacción se convierte en ‘aburrimiento’; el cual se ve interrumpido por el surgimiento de otro deseo.” Shopenhahuer también tenía ese punto de vista: la condición humana como un ciclo de: deseo-satisfacción/saciedad temporal-aburrimiento-surgimiento de otro deseo; así ad infinitum. Vivimos la vida como la vivimos creando sufrimiento, porque no sabemos cómo vivirla de otra manera

La escritura de Murakami en este libro, toca el tema de la diversidad: ’el mundo está lleno de todo tipo de personas’ nos dice, cada una de ellas con su tipo de personalidad (de acuerdo a Carl Jung), o sus mundo oníricos y sombríos y su Daemon (de acuerdo a James Hillman), o sus tendencias mentales debido a su karma (según el Buda). Sin quedarnos fijos en una ‘personalidad inamovible’ o ‘identidad fija’, la cuestión es que sean cuales sean nuestras tendencias, inclinaciones o incluso gustos, apetencias y querencias, el hecho de que somos ‘nosotros’ y nadie más, es lo más valioso que tenemos.

El mensaje de Murakami es que parte de la misión de la vida es conocernos bien y a profundidad. Ese conocimiento es necesario para aprender a vivir con nosotros mismos; para aprender a aceptar y a vivir con nuestras inclinaciones y tendencias; para usarlas de manera creativa e imaginativa en nuestro propio beneficio. Para ello, hay que aprender a vivir la vida con el mal-estar inherente que ésta trae consigo, sin pedir ser alguien más, sin pretender ser quienes no somos. Para no causar sufrimiento es necesario vivir la vida de acuerdo a eso genuino que vamos descubriendo, a veces momento a momento, acerca de nosotros mismos y que puede resultar en algo creativo e imaginativo.

El mensaje del Buda era similar: el malestar (Dukkha) es inevitable; el sufrimiento, es opcional.

(Nota: la referencia a Mick Jagger es porque aparentemente el rockero no se imaginó cantando a los 45 años, las rolas que cantaba a los veintitantos. En realidad las cantó no sólo a los 45, sino por mucho tiempo después. Aquí el punto de Murakami es que cuando somos jóvenes nos es difícil pensar o imaginar que alguna vez envejeceremos; si lo hacemos, tal vez podríamos vivir mejor).

Akasavajri es miembro de la Orden Budista Triratna.

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