Dharma donde quiera/| Houston, Houston, tenemos un problema

- en Budismo, Destacadas, Top 5

Por: Akasavajri Martha E. Ríos López

 “Jugar a ser insignificante no le sirve al mundo.” Nelson Mandela

 La hija de un amigo de mi hermana fue ‘levantada’ en Durango. Un hombre relativamente joven a quien conocía, fue ‘levantado’ mientras se dirigía a Querétaro. Los hijastros de mi cuñada fueron ‘levantados’ en Chihuahua. Todos ellos siguen desaparecidos. El primo del enfermero que cuida a una persona que quiero mucho, fue asesinado de un balazo en el corazón. El hijastro de otra amiga mía fue brutalmente golpeado en un incidente de tránsito. A dos amigas les hicieron un ‘secuestro express’, a ambas les robaron lo que tenían, las golpearon sin justificación y las violaron. Al sobrino de otra amiga lo asesinaron durante un robo. A mi me hicieron un secuestro express al subir a un taxi en la Ciudad de México, me asaltaron y fueron a ‘tirar’ al oriente.

En este país, a todos nos toca la violencia, y estas cosas que pasan contribuyen a crear en nosotros sensaciones de inseguridad, inquietud y paranoia, y la creencia cada vez más arraigada de que este mundo es hostil y amenazante. Incidentes como los que mencioné al inicio, así como incidentes violentos que ocurren alrededor del mundo parece que nos están mostrando algo: que esta comunidad global se encuentra en un momento insensible, frágil, vulnerable y dividida, por lo que la violencia y el conflicto ocurren de manera cotidiana. Esta sensación de inquietud e inseguridad se magnifica cuando escuchamos, cada vez más frecuentemente, que este planeta azul, nuestro habitat está amenazado con destrucción ecológica.

Conforme observamos a la humanidad, nos damos cuenta de que hay muchas razones que nos llevan a dividirnos y a causar conflicto y animosidad entre nosotros y a destruir el planeta. Naturalmente, esto tiene un efecto en cómo vivimos nuestras vidas, y la manera en que vivimos nuestra vida también nos lleva a experimentar de manera constante una sensación de inquietud, de no estar bien, de mal-estar. Se trata de algo así como vivir en un estado de disfuncionalidad generalizada que se aplica no sólo a la comunidad global, sino especialmente a nuestras propias vidas.

            Muchos de nosotros nos preguntamos: ¿qué está pasando? ¿cómo podemos vivir así, en una sociedad que parece cada vez más fragmentada, ajena y hostil? ¿qué podemos hacer para generar entre nosotros un sentido de comunidad y de pertenencia que sea lo suficientemente fuerte como para que nos una en un objetivo común: crear un contexto que favorezca el desarrollo y el florecimiento de esas capacidades que, como humanos, son nuestro derecho de nacimiento? Estas son preguntas importantes, porque esas sensaciones de inquietud, de inseguridad, de paranoia, de ser disfuncional y estar como descolocado y dislocado no nos permiten vivir nuestras vidas humanas de una manera más creativa y sabia.

Al plantearnos esas preguntas, al cuestionarnos cómo vivimos nuestras vidas, podemos darnos cuenta de que mientras vivamos en ese estado de inquietud y dislocación, o en espacios o lugares donde no nos experimentemos arraigados en nuestra propia vida, vamos a seguir experimentando y creando desarmonía con otros y en nosotros mismos. Si queremos hacer algo para vivir creativamente es necesario reconocer nuestra desarmonía interna; es necesario atrevernos a entrar a esos lugares en que nos encontramos separados de nosotros mismos incapaces de reconocer la experiencia de dolor y sufrimiento que nos causa contribuir a la catástrofe global; y sin reconocer el dolor y sufrimiento que nos causa ‘pensarnos’ incapaces de contribuir a que el estado de cosas mejore, al menos en nuestros contextos de vida y acción cotidianos.

Esta sensación de que algo no está bien, tanto en el mundo como conmigo misma, podría convertirse en fuente de inspiración para caminar por un sendero espiritual; un sendero a través del cual podamos encontrar un sentido de arraigo y pertenencia, donde podamos encontrar nuestra raíz y empezar a formular o a reformular los valores que pueden guiar nuestras vidas. Un camino que nos permita estar seguros de que ‘estamos viviendo de la mejor manera posible esta vida humana que nos ha sido dada o confiada.’

            El Budadharma, la enseñanza del Buda, parte de la premisa de que los seres humanos no solamente experimentamos sino que activamente creamos sufrimiento. La palabra que utilizamos es Dukkha, que contrario a lo que se piensa (y como muchos la enseñan) no significa sufrimiento. Dukkha hacer referencia a una rueda que se ha salido de su eje, por lo que no puede girar suave y firmemente, sino que gira dando de brincos creando una sensación de incomodidad. En otras palabras, Dukkha hace referencia a nuestra fragmentación, a nuestra disfuncionalidad y al mal-estar que experimentamos como consecuencia. A través de la experiencia de dukkha, este mal-estar, esta disfuncionalidad, esta inquietud clama por su propio alivio y resolución.

Lo opuesto a Dukkha es Sukha. Esta palabra hace referencia a ‘bienestar’ incluso a ‘felicidad’. Significa estar en un estado de contento y felicidad con la sensación de que en el momento presente una está viviendo dando lo mejor de si misma. Tener sukha en mente nos lleva a mirar a nuestro alrededor, a reconocer las señales de esta dislocación y malestar generalizado y cómo se manifiesta en nuestras propias vidas, para preguntarnos: en este momento, en esta situación ¿como puedo moverme de dukkha, este estado de mal-estar y disfuncionalidad, a un estado de sukha, un estado de bienestar, quietud y paz; un estado que me permita sentirme arraigada en esta tierra, que me permita honrarla y respetarla; un estado que me incline a contribuir a crear armonía y conexión en los contextos de vida en que moro?

Si las causas de nuestros problemas globales y personales son creaciones de los seres humanos, entonces suena factible que empecemos por mirar a la raíz de esos problemas en la manera en que cada uno de nosotros vive su propia vida. Esa es la invitación fundamental de la tradición budista. Es a partir de la mirada hacia lo personal y su alivio y resolución, que podemos contribuir de manera más hábil y efectiva y con otros seres humanos, a construir contextos más creativos y positivos. El budismo ofrece tres refugios (Buda, Dharma y Sangha) en los que podemos morar y encontrar cómo vivir en paz, en armonía con otros y con un corazón verdaderamente empoderado con ética, amor y compasión.

     Buda es una metáfora de lo somos capaces los seres humanos, y de cómo ‘se vería’ o ‘cómo se manifestaría’ en lo cotidiano. Dharma se refiere a los principios y valores y a cómo vivirlos. Mientras que la Sangha se refiere a la capacidad de crear amistad y comunidad. Vistos así, los tres refugios no son lugares como tales que se manifiestan como tradiciones budistas, o centros budistas, o en grupos de meditación y estudio. A mi entender, se refieren a algo más vivo, más experiencial; a asumir, aceptar y vivir en una misma la capacidad de Despertar. Se refiere a ser dharma, a encarnar la enseñanza, y al acto de cultivar las capacidades de amor y compasión que nos permiten relacionarnos hábilmente con otros. Convertirse en los tres refugios implica gran responsabilidad; una que no permite ‘jugar a ser insignificante, porque eso no le sirve al mundo.’

Concluyo este artículo con las palabras del gran Nelson Mandela: Nuestro miedo más profundo no es el de ser inadecuados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta. Nos preguntamos ¿Quién soy yo para ser brillante, hermosa, talentosa, extraordinaria? Más bien la pregunta a formular es: ¿Quién soy yo para no serlo?”

Akasavajri Martha, entre otras cosas, practica la psicoterapia, trabaja con adolescentes en riesgo utilizando intervenciones basadas en Mindfulness, y es miembro ordenado de la Orden Budista Triratna.

 

Todos los derechos reservados. Este material no puede ser publicado, reescrito o distribuido sin autorización.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*