Dharma donde quiera: “La Mente y sus Ideas”

Un buda es una persona que ha puesto en definitivo final el sufrimiento y la frustración y ha descubierto una paz y una felicidad duraderas e inmortales.
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Por Akasavajri/

“Las experiencias están precedidas por la mente, dirigidas por la mente y producidas por la mente.”– Buda

Con la línea anterior inicia El Dhammapada, una antología de versos atribuidos a Siddhartha Gotama, el Buda. Este verso es muchas veces traducido por nosotros los budistas, de la siguiente manera: “somos lo que pensamos”, “todo lo que somos surge de nuestros pensamientos”, “con nuestros pensamientos construimos el mundo en que vivimos”. Lo que la línea sugiere es que nuestra filosofía de vida o cosmovisión (cómo concebimos, entendemos o interpretamos al mundo, a los demás, e incluso a nosotros mismos), en gran medida determina el sentido y significado de la existencia, nuestro sentido de identidad y de cómo vivimos la vida; determina lo que hacemos, con quien nos juntamos, lo que comemos, la ropa que nos ponemos, lo que estudiamos; determina con quien tenemos relaciones sociales, amorosas o de trabajo, los errores que cometemos y los aciertos. También determina nuestras acciones éticas y las que no lo son también. Lo que pienso (o lo que procesa mi mente) condiciona a cada instante mi futuro.

Lo que ‘hay’ en mi mente (teorías, ideas, opiniones) per se no tiene el poder de construir el mundo en que vivo; lo que le da ese poder es que creo que aquello que pienso, concibo e interpreto es verdadero. Por ejemplo, puedo pensar que el presidente de los Estados Unidos es un peligroso payaso, o que el de México es un corrupto que no tiene vergüenza o sentido de dignidad alguna. Si tomo estos pensamientos como verdaderos actuaré en consecuencia. Podría, por ejemplo, participar en marchas y protestas pidiendo la dimisión inmediata de esos personajes; o podría firmar peticiones apoyando la inmediata detención del presidente de México por supuestos actos de nepotismo, fraude y corrupción. Lo que es más, mis emociones estarían en gran medida dictadas por esos pensamientos que tomo como verdaderos: es muy posible que la incredulidad, o la ira, o el desamparo se presenten en mi cuando piense en ellos; o incluso, puede reforzar la idea de que el mundo en el que vivo ‘es hostil y peligroso’, lo cual seguramente me volverá desconfiada y paranoica.

Lo contrario también es cierto: puedo pensar que los personajes antes nombrados son benefactores de la humanidad, que son íntegros y actúan éticamente con el objetivo de beneficiar a todos los seres, mirando por sus mejores intereses antes de considerar los propios. Tal vez un pensamiento como ese y que tomo como verdadero podría llenarme de paz y tranquilidad, y de la confianza de levantarme optimista por la mañana, con el corazón cantando, los pies bailando y dispuesta a contribuir con mi granito de arena para construir un mundo donde el cambio climático sea prioritario, lo mismo que darle de comer a todos los seres todos los días y la erradicación de la pobreza.

Si nos ponemos a reflexionar detenidamente en las implicaciones de las palabras del Buda, tal vez podríamos empezar a vislumbrar su tremendo potencial transformador. Podemos, por ejemplo, preguntarnos primero: ¿qué quiere decir eso? ¿cómo es el mundo en el que vivo? ¿en qué consiste? ¿cómo se está manifestando mi mente en este momento? ¿encuentro resonancia con lo que dice Buda? Para tener un impacto todavía mayor, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿y esto que pienso, es verdadero?

Pero, resulta que la enseñanza del Buda no es la única a la que he estado expuesta. He estado expuesta a la psicología contemporánea, y esta me dice algo que normalmente los budistas no tomamos en consideración, esto es que: antes de que nuestras mentes creen el mundo en que vivimos; estas son creadas por el mundo. Esto implica que la manera en que mi cerebro está cableado (sus conexiones neuronales), la manera en que concibo y entiendo al mundo; y la manera en que lo vivo surgió en dependencia de información y experiencias de mi infancia y adolescencia -reforzadas por información y experiencias posteriores. Si mi mente me está diciendo “este mundo es un lugar horrible y hostil”, la pregunta que una se hace desde la psicología es: ¿cuáles fueron las experiencias que esta persona vivió, en su infancia, para llegar a esta conclusión? También se pregunta ¿qué clase de mundo le tocó vivir? Lo más probable es que la respuesta sea: ‘seguramente le tocó vivir un mundo donde sucedieron eventos que escapan la comprensión y donde se experimentó un sufrimiento inexplicable (y muchas veces inexpresable)’.

En ese mundo el niño (o la niña) necesitaba compensar por el sufrimiento que estaba experimentado; esta compensación le llevó a actuar de una manera (u otra), y de concebir al mundo como lo concibe. Muchas veces nuestros comportamientos disfuncionales de la edad adulta son resultados de experiencias traumáticas de la infancia y la adolescencia. Lo que aparece como una respuesta ‘anormal’ es, realmente una respuesta ‘normal’ y ‘natural’ ante ciertas circunstancias. Situaciones en el presente tienen el potencial de ‘detonar’ memorias, que entran en acción y ‘se hacen cargo’, por así decirlo, de lo que está pasando en el momento aquí y ahora. Es decir, podemos vivir una situación actual como si estuviéramos en otro lugar, en otro momento y con otras personas. Ante esas circunstancias, perdemos completamente de vista lo que tenemos ‘frente a la nariz’. Cuando esto sucede puedes estar segura de que el pasado ha secuestrado la situación actual y presente.

En tibetano llaman “Rigpa”, a la naturaleza de la mente… una conciencia primordial, pura y prístina que es al mismo tiempo inteligente, cognoscitiva, radiante y siempre despierta.

En nuestro mundo contemporáneo, me parece muy importante que tomemos en consideración las aportaciones del budismo y las de la psicología. A menos de que queramos afirmar la supremacía de una o de la otra, estas aproximaciones pueden ser complementarias. A mi entender, el budismo no promueve solamente un desarrollo del espíritu (como quiera que se le conciba), sino un desarrollo que para alcanzar la dimensión espiritual o transcendental a la que aspira, toma en consideración lo físico y lo psicológico. La cuestión es clara, el desarrollo espiritual surge en dependencia del desarrollo y la integración del cuerpo y de la psique.

Esto es importante porque el budismo (o los budistas) generalmente enfatiza el lado luminoso de la naturaleza humana, y aunque no sea su intención, con frecuencia nos lleva a actuar ‘como si’… no existiera la sombra. Pareciera ser que ‘ser budistas’ nos hiciera inmunes a los efectos de nuestro pasado -que en muchos casos ha sido traumático. Actuar considerando a la sombra, sencillamente implica aceptar abierta y radicalmente que somos completamente susceptibles a (y a veces estamos a merced de) las gravosas fuerzas de la avidez, la aversión y la ignorancia. Vamos, la presencia de esas fuerzas perniciosas, a nivel personal e institucional, es una de las enseñanzas centrales del budismo. Ignorar su presencia o manifestación en nosotros significa, de alguna manera, decir que el Buda se equivocó. Si entretenemos ese pensamiento (auque sea de manera inconsciente), entonces somos tan budistas como lo fueron Cristo y Mahoma.

Reconociendo las limitaciones de mi entendimiento, el proceso de conversión en el budismo (o al budismo), necesariamente implica detenerse para mirar con atención y cercanamente cómo se manifiestan en nosotros los Tres Fuegos de la Existencia (también conocidos como los tres venenos). Si bien el Budismo no ‘se entretiene’ en el pasado, por supuesto que lo toma muy seriamente. La palabra Karma, por ejemplo, refleja esta constante y perenne preocupación por el pasado, pues hace referencia no sólo a cómo nuestro momento presente está condicionado por el pasado, sino también a la fuerza del condicionamiento y su impacto en el futuro. Al interesarse en el presente y en el futuro, el budismo necesariamente se interesa en el pasado. Siguiendo esa línea de pensamiento, el budismo no ofrece soluciones fáciles y sencillas. No, el budismo nunca dice (como muchos budistas lo hacen): ‘deja de pensar en eso’, o ‘piensa y actúa de otra manera’, ni mucho menos te juzga, critica o castiga cuando no lo logras. No, la compasión del budismo, surge de una profunda comprensión de la naturaleza humana que, por supuesto, reconoce y honra el pasado no per se, sino en el sentido de que sin el, no seríamos quienes somos, ni estaríamos donde estamos -intentando practicar las enseñanzas del Buda.

Si nos enfocamos solamente en lo puramente ‘espiritual’ (como quiera que se le conciba) o en lo puramente ‘luminoso’ (como quiera que se le conciba también), estaremos en riesgo de ‘tomar’ un ‘atajo espiritual’. El atajo espiritual es un proceso a través del cual utilizamos nuestra ‘practica espiritual’ para evitar o negar algunos de los aspectos más difíciles de nuestro condicionamiento, o de nuestra vida humana. Estos incluyen nuestras emociones más dolorosas, nuestros conflictos más arraigados y difíciles de abordar; los retos que nos presentan otras personas y situaciones; o situaciones del pasado que realmente quisiéramos olvidar. El ‘atajo espiritual’ refleja la tendencia que tenemos a utilizar teorías espirituales, aspectos del budadharma e incluso la meditación u otras prácticas, para hacer a un lado, eliminar o incluso trascender situaciones en lugar de enfrentarlas y lidiar con ellas.

Como practicantes es necesario que tomemos conciencia de lo que es un ‘atajo espiritual’, pues sólo así tendremos la posibilidad de reconocerlo cuando lo estemos transitando. Solamente reconociendo no sólo el atajo, sino aquello que nos lleva a tomarlo, podremos aprovechar y enriquecer la experiencia espiritual. El problema con el ‘atajo espiritual’ es que aunque pensemos que estamos llevando una práctica espiritual, no la estaremos llevando del todo. En el atajo espiritual, perdemos completamente la brújula de la práctica del Dharma, mientras que entretenemos el delirio de que ‘somos muy espirituales’.

Así que para hacer realidad las palabras del Buda de que: “Las experiencias están precedidas por la mente, dirigidas por la mente y producidas por la mente” en nuestra experiencia, también es imperativo reconocer que esas mentes de las que habla “fueron primeramente creadas por el mundo en que vivimos”. Simplemente no pudo haber sido de otra manera.

Akasavajri Martha además de practicar la psicoterapia, trabaja con adolescentes en riesgo utilizando intervenciones basadas en Mindfulness, y es miembro ordenado de la Orden Budista Triratna.

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