Dharma inmortal: Buda, el sanador herido

Sin salud la vida no es vida; solo es un estado de languidez y sufrimiento – una imagen de la muerte.
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Por: Akasavajri Martha E. Ríos López

Al imitar los actos ejemplares de los dioses o de los héroes [o heroínas] míticos, o simplemente al contar [y mantener vivas] sus aventuras, el hombre [y la mujer] (…) se separa del tiempo profano para re-entrar mágicamente al Gran Tiempo, el tiempo sagrado…” – Mircea Eliade

Hace unos días fui a ver la película premiada con el Oscar este año, ‘Moonlight’. No me gustó mucho; no obstante, no pude dejar de notar el nombre del protagonista: Chiron, y las tres diferentes fases de su vida. Este personaje lleva el nombre de un centauro inmortal de la mitología griega, que es hijo de Cronos y la ninfa Filira, y medio hermano de Zeus, Hades y Poseidón. En su primera fase de vida, el personaje de la película, aparece como un niño tímido, silencioso e inseguro. En su segunda fase es un chico que experimenta el despertar de la [homo] sexualidad; en la tercera fase, aparece como un hombre joven que, después de un período en prisión, se reconstruye y vive como cabecilla de una banda de vendedores de droga en la ciudad de Atlanta, Georgia.

Además del nombre, encontramos otros paralelos en las vidas del Chiron de Moonlight y el Centauro Chiron (o Quirón). Cronos, su padre, abandona a Filira después de forzarla al acto sexual del cual queda embarazada; su ninfa madre lo abandona en una cueva dada su apariencia, que es mitad humana y mitad animal -caballo. A Chiron de la película, su madre lo abandona al elegir el falso refugio de la adicción a las drogas y la prostitución. Al centauro lo acogen los dioses Apolo y Atenea, quienes le enseñan las artes de la medicina, la música y la profecía. En Moonlight, a Chiron lo acogen Juan y Teresa, quienes le ofrecen un refugio cuando lo ven solo y desatendido; una cama para descansar; comida para saciar el hambre; le enseñan a nadar, a tender la cama y a mostrar buenos modales en la mesa. Tanto en el mito como en la película, Chiron encuentra a alguien que le muestra que es un ser valioso que, pese al abandono parental, puede vivir con dignidad.

El Chiron de Moonlight es un personaje que vive con la herida que le produce ser hijo de un padre desconocido, de una madre drogadicta, violenta y negligente y, el rechazo comunitario por ser tímido y homosexual. Este Chiron se sobrepone a condiciones adversas y se reconstruye, apareciendo como fuerte y duro, tal y como se requiere para sobrevivir en un mundo hostil y para sobrellevar una herida oculta que ha echado raíces profundas y no le ha permitido amar ni establecer una relación íntima.

Por su parte, el centauro hijo de Cronos y Filira, a diferencia de sus pares centauros violentos y destructivos, crece prudente, educado, sensible y amable; reconocido y respetado como médico y sanador, consultado por seres mortales e inmortales. Chiron el centauro, de su pasado difícil surge bondadoso y susceptible a la sabiduría, amante de la poesía, la escritura y las ciencias, sobre todo las curativas. Perfecciona el arte de la sanación a partir de otra herida, esta vez causada accidentalmente. Un día es herido por una flecha envenenada con veneno de hydra, disparada por Hércules que se había embriagado con una bebida etílica proporcionada por Dionisio. Siendo inmortal, Chiron no puede morir, por lo que queda condenado a un sufrimiento perpetuo que no puede ser sanado. Este centauro estará destinado a vivir una vida inmortal con una herida que será fuente de dolor eterno. Serán esta herida y su dolor perenne, lo que lo llevará a perfeccionar sus habilidades como curandero, sanador y chaman. Al cuidar de sus heridas (causadas por el abandono de los padres y la flecha de Hércules), aprenderá a cuidar y a sanar las heridas de los otros. Como resultado de este aprendizaje, Chiron el centauro entrenó a miles de estudiantes en su cueva del Monte Pelyon; entre ellos estaban el famoso Aquiles, Eneas y Esculapio en cuya escuela se entrenó Hipócrates, el  padre de la medicina.

Vivir sin miedo, es vivir en felicidad…no temes al camino, porque tú lo eres…

Aunque su camino es diferente, las vidas de ambos Chirones tienen algo que mostrarnos: ambos viven con un dolor, con una herida infligida en la niñez por el abandono, negligencia y abuso de sus padres. Estas heridas, en lugar de destinarlos a una vida miserable, dan surgimiento al anhelo y a la motivación, y se convierten en fuentes de aprendizaje y crecimiento. Sus historias muestran el viaje que ambos siguen no sólo para sobrevivir, sino también para explorar el significado de sus vidas y para sanar. En el caso del Chiron de Moonlight, su camino lo lleva a re-construirse [un Chiron musculoso y más decidido sustituye al chiquillo y al adolescente flacos y endebles] y, a repetir lo que Juan hacía: ser cabecilla vendedor de drogas (no parece un final muy feliz e inspirador); mientras que el centauro Chiron encontró su camino y su sanación al aprender de sus heridas y al poner su aprendizaje al servicio de la sanación de otros.

En su interesante y entretenido libro, The Trauma of Everyday Life [El Trauma de la Vida Cotidiana], el psicoanalista y practicante budista Mark Epstein, sugiere que el camino espiritual del Buda puede ser leído como una expresión de una agonía primitiva, cuyas raíces pueden estar en el posible trauma que la muerte de su madre, la reina Māyā, pudo haberle causado. Māyā moriría unos días después del nacimiento de Siddhartha, dejándole huérfano de madre. Encuentro la aproximación del Dr. Einstein audaz e intrigante puesto que, visto de esa manera, el Buda aparece como un hombre herido buscando sanar; un hombre cuya herida se convierte en incentivo de búsqueda y manantial de intuición, determinación, sabiduría y compasión. Como el centauro Chiron, el Buda utiliza su experiencia de dolor y sufrimiento como fuente de aprendizaje y enseñanza.

Una puede estar de acuerdo o no con la lectura del Dr. Epstein. Lo importante que quiero rescatar aquí es que, como ya sabemos, el Buda, como los Chirones sabía, tenía experiencia personal del dolor proveniente de una herida del corazón y de la psique. Buda comprendió el dolor como un aspecto básico e ineludible de la existencia, como un fenómeno al que había que identificar y, con el que había que aprender a vivir y a relacionarse de manera sana y creativa; no como un error (de una vida lejos de ser perfecta) o como algo de que avergonzarse. El dolor y el trauma son hechos de la vida real. En el Budismo el dolor y el sufrimiento (Dukkha) aparecen como el primer escalón [de la espiral] hacia el Despertar.

Muchos de nosotros hemos vivido situaciones traumáticas en la niñez; por ello, a cuestas traemos algunas heridas que requieren suave y delicada atención.  El camino y la enseñanza del Buda, además de ser un camino para tener una mente calmada, concentrada y unificada, es un camino para entrenar la mente (que en el Budismo incluye al corazón). Este entrenamiento tiene un propósito inicial: investigarnos a profundidad. Si esa investigación es llevada a cabo de manera diligente y minuciosa, vamos a encontrar las heridas, nos vamos a enfrentar con la sombra; o sea con aquello que duele y con aquello que no queremos ver. En este viaje de descubrimiento, en este viaje de reconocimiento y de llamar a las cosas por su nombre verdadero, vamos descubriendo quienes somos y la luz que también radica en nosotros. Al reconocer una debilidad, o un ‘pecado’, algo sombrío, o una profunda herida, notamos esa sensación de libertad que experimentó el personaje que interpreta Denzel Washington en la película “Flight”, quien al hablar de su adicción al alcohol, las drogas y al sexo, se sintió profundamente liberado: ‘nunca me había sentido más libre’, dice a otros en una reunión de Doce Pasos en prisión. El viaje hacia el Despertar, por definición, incluye despertar a nuestras heridas e integrarlas.

Como Chiron el centauro y como el Buda, nosotros también podemos aprender a enseñar desde nuestra experiencia del trabajo con las heridas; y desde el reconocimiento de lo profundo sombrío que, al ser sujeto de nuestra observación cercana, se convertirá en lo que Carl Jung denominó “oro puro”. Cuando estamos con ‘el otro’ en una relación de amistad cercana (kalyanamitrata), como mentores, como maestros, como terapeutas, o como curanderos, somos como el sanador herido que se reconoce como tal al entrar en relación con el otro. Es este otro el que nos devuelve nuestra propia realidad, no sólo la suya. Es en el otro que también podemos sentir y apropiarnos de nuestra propia vulnerabilidad. En el acto de ver, acoger, aceptar y hospedar al otro con sus heridas, no sólo se nos va revelando su mundo, sino que el propio también se va revelando con mayor claridad. Esta experiencia íntima de compartir con el otro, puede llevarnos a apreciar nuestra humanidad compartida.

La historia de Chiron, la historia del Buda, el arquetipo del sanador herido (que nombró Jung), nos sirven para identificar y darle vida al proceso interior de aquellos que están llamados a servir al crecimiento de los otros, o a apoyarles en momentos difíciles y llenos de sufrimiento. El reconocimiento y apropiación del arquetipo del sanador herido, puede significar la identificación, aceptación, e integración de las heridas propias y de nuestra vulnerabilidad. Como Chiron, como el Buda, o como Avalokiteshvara, el Bodhisattva de la Compasión, podemos vivir y aprender de las heridas en beneficio de todos los seres.

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