Dharma Inmortal: El Llamado del Dragón

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Por: Akasavajri Martha E. Ríos López

“Una cosa es leer sobre dragones y, otra conocerlos”: – Ursula K. Le Guin. A Wizard of Earthsea

Un hermoso dragón de metal adorna la mesa del televisor en la casa del bosque. Un día, lo miraba y pronto me encontré releyendo sobre Smaug, el dragón, en “The Annotated Hobbit” de Douglas A. Anderson y J. R. R. Tolkien. Smaug es descrito como “el más grande de los dragones”. Después de expulsar a los enanos habitantes de Erebor, Smaug ocupó el interior de la Montaña Solitaria durante 150 años, apropiándose de un tesoro inmenso. La recuperación del tesoro es la misión de los enanos de Erebor, ayudados por el hobbit Bilbo Baggins y el Mago Gandalf.

Leer sobre Smaug me llevó a unas escenas del episodio 1, temporada 1, de la serie inglesa The Adventures of Merlin. En ellas, un muy joven Merlin recién llegado a Camelot, se pregunta sobre el destino de un mago innato en un mundo donde la magia ha sido prohibida y los hombres y mujeres que la practican perseguidos y ejecutados. Una noche escucha una voz que susurra: Merlin… Merlin… Merlin… Esa voz lo despierta de un profundo sueño. Noches después sigue el llamado que lo conduce a la entrada de una cueva que lleva a las entrañas de Camelot.  Ahí tiene un encuentro con un dragón, quien le revela su mágico destino.

La palabra dragón deriva del griego drákōn que significa serpiente de gran tamaño o serpiente de agua. Drákōn, probablemente deriva del verbo draken: que significa “ver claramente. En varias religiones y culturas, los dragones tienen un gran significado espiritual. A través de los siglos, en Asia han sido reverenciados como representantes de las fuerzas primordiales de la naturaleza, la religión y el universo a la vez que, son asociados con sabiduría -se dice que son más sabios que los humanos. También se cree que son mágicos y poseen poderes sobrenaturales.

En Mesoamérica, Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada (Quetzal, ave de hermoso plumaje y Coatl, víbora o serpiente) una serpiente voladora, es pariente del dragón. Como símbolo, Quetzalcóatl indica la búsqueda de integración y completud, la unión del espíritu y la materia, la unión de los opuestos. El quetzal representa el deseo del espíritu por ascender a lo más elevado trascendiendo los límites de la existencia corpórea; y la serpiente, representa las energías de la tierra y al ser [humano] enraizado en su realidad física siguiendo los ritmos de los ciclos de la naturaleza. Quetzalcóatl es también un símbolo de la unión entre el cielo y la tierra. Al reconocer la dualidad de la existencia y la posibilidad de unión, la serpiente emplumada representa conocimiento y sabiduría.

En la tradición Budista encontramos una serpiente enorme que habita en los lagos y ríos, el nāga. Esta serpiente está emparentada con el dragón chino y las serpientes tibetanas, y son símbolos de fertilidad y protección pero, sobre todo, sabiduría. Los nāgas son criaturas benevolentes y, solamente se vuelven contra los humanos cuando consideran que no han sido respetados.

Hay algunos nagas destacados: Mucalinda, la serpiente de las siete cabezas,  protegió a Siddhartha de lluvias torrenciales, mientras meditaba profundamente después del Despertar. Nagaraja, rey de los nagas, emergió del fondo de un lago (posiblemente Manosarowar, o Lago de los Grandes Nāgas), para entregar el terma (enseñanza secreta) Prajñaparamita (Perfección de la Sabiduría) a Nagarjuna. Nāgas figuran en la historia de Machig Labdrön, la famosa Yogini Tibetana. La leyenda cuenta que, al alcanzar un estado de pureza indescriptible Machig ascendió a la copa de un árbol. Los nāgas del pozo cercano y dueños de este árbol, se sintieron ofendidos y confabularon contra ella. Ante el inminente ataque de los nagās, la yogini se ofrece a ellos sin  resistir y sin temor. Al apreciar su estado de temeridad, pureza y perfección, los nagās se convierten en sus aliados y protectores. De este encuentro con los nagās surge el Chöd, de donde deriva la práctica contemporánea ‘Alimentando tus Demonios.”

En esos mitos encontramos al dragón como una metáfora de sabiduría. Los dragones se les presentan o aparecen a seres en diferentes circunstancias. A Merlin se le aparece cuando él se pregunta acerca de su lugar y misión en un mundo donde ya no hay magia. Por sus cualidades y virtudes, Nagarguja ha sido elegido por los nagās como el custodio de la perfección de la sabiduría. Mientras que Machig es acogida y protegida por los nāgas al mostrar temeridad, receptividad, apertura y respeto. Esto sugiere que, la sabiduría surge y se manifiesta cuando los seres humanos escuchamos y seguimos un llamado que proviene de lo más profundo de nuestro ser; cuando desarrollamos cualidades y virtudes personales y, mostramos temeridad, receptividad, apertura y respeto por algo que va más allá de uno mismo.

El dragón es también una metáfora de luz, fuego y energía. Después del Despertar, Siddhartha andaba medio desorientado sin saber exactamente qué hacer. Es obvio que tenía que absorber la poderosa experiencia de la Iluminación. Para ello se toma 7 semanas de retiro. Siddharta medita y escucha su voz interior. Durante ese tiempo se desata una torrencial lluvia y el príncipe-vagabundo no se mueve de su asiento de meditación; está procesando la experiencia. Poco a poco va surgiendo Mucalinda de la base de la columna vertebral (tal vez desde el chakra de la tierra) y se eleva hacia el cielo para proteger a Siddhartha como un gran paraguas.

El maestro contemporáneo Sangharakshita, sugiere que el Despertar (o Iluminación) ocurre cuando se concreta el proceso de integración de las energías psicofísicas totales de una persona. Sangharakshita dice que esta integración da lugar a un vuelco total en el asiento más profundo de la conciencia. Cualquier energía bloqueada, estancada o dirigida hacia algún propósito innoble se libera y queda a disposición del ser, para ser utilizada con el propósito de beneficiar a todos los seres. El Despertar tiene dos alas, sabiduría y compasión.

El “llamado del dragón” es una metáfora del llamado de la voz-guía interior. No se trata de un llamado cualquiera. Es un llamado preñado de visión y misión de vida. Es un llamado que si lo seguimos, nos puede guiar sabiamente, con convicción, sin titubeos y con honestidad. Es un llamado que puede llevarnos a ver el fin de la confusión e indecisión que crean conflictos internos. Es un llamado que puede ayudarnos a terminar con la duda, la zozobra y el miedo. Es un llamado que tiene el poder de conectarnos con nuestros valores; un llamado que trae la promesa de paz y armonía.

Se trata de un llamado que para ser escuchado precisa quietud y propicios momentos de soledad. Es un llamado que si no es escuchado y seguido puede traer como consecuencia ‘perder el camino’ o ‘perdernos en el camino’. No se trata de un llamado que nos reconfortará y hará sentir cómodos de inmediato. Es un llamado que nos conmoverá, que nos incomodará, que incluso nos podría causar dolores profundos.

Esto es, porque el llamado del Dragón-Gur subvierte el orden de las cosas, creando caos y destrucción de lo hasta entonces sabido y conocido. Sólo así una nueva vida es posible; una vida alineada al sublime y divino orden natural. Una vez que se escucha y sigue, el ‘llamado del dragón’ nos abre la posibilidad de liberarnos de las complacencias que sabotean nuestro crecimiento, y de las impertinencias y apetitos de un ego insaciable. Como a Merlin, este llamado podría ayudarnos a llenar de magia nuestra vida, en un mundo donde parece que no hay magia.

Akasavajri Martha es miembro de la Orden Budista Triratna.

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