Dharma por todos lados: Perdón radical

La culpa es ataque mental en estado puro, déjala ir y se feliz
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Por: Akasavajri Martha E. Ríos López

“En el sentido mismo del perdón hay una fuerza, un deseo,  un ímpetu, un movimiento, una apelación (llámalo como quieras) que exige que el perdón sea otorgado… 1.-Derrida – On Forgiveness

Para esta tercera parte sobre el perdón, recordé la película Británica Atonement (Expiación), basada en una novela del mismo nombre de Ian McEwan y protagonizada por la sobrevalorada Keira Knightley (de ella sólo me ha gustado Bend It Like Beckham), el extraordinario escocés James McAvoy a quien recientemente le vi una escalofriantemente excelente actuación en Fragmentado y, a mi favorita de toda la vida Vanessa Redgrave en un papel menor. Esta película aborda un amor no correspondido, un crimen, una mentira y sus consecuencias a lo largo de casi sesenta años.

“Si” dice a la policía Briony, la adolescente protagonista de 13 años.  “Yo lo vi. Lo vi con mis propios ojos.” Esas palabras aseguran una sentencia a prisión a Robbie (James McAvoy), por el delito de violación de una menor. La cosa es que Briony miente por despecho y con esta mentira, que es el tema nuclear de Expiación, la jovencita de alguna manera determina los futuros de su hermana Cecilia (Keira Knightley), Robbie el jardinero y amante de Cecilia y el propio. Se puede decir que lo que la película revela en gran medida es que, cada una de nuestras acciones pueden causar movimientos sísmicos que sacuden el futuro. Este es el caso de la mentira contada por Briony.

La mente sólo puede sufrir si alberga pensamientos de sufrimiento y temor….

Hacia el final de la película nos enteramos que la historia que hemos estado viendo, está siendo contada por Briony hacia el final de su vida y no ha salido sino de su fantasía de escritora de ya cierta fama y edad. Es una historia sobre lo que a ella le hubiera gustado que pasara. Los otros personajes, a quienes la mentira afectó, mueren una muerte prematura (durante la guerra), dejando a Briony sin la posibilidad de pedir y recibir perdón. La historia que vemos es, de alguna manera, la historia de su expiación. Ante la imposibilidad de pedir perdón, Briony imagina una vida llena de amor en medio de la guerra para su hermana Cecilia y Robbie, su amante; y de expiación para ella quien trabaja como enfermera atendiendo soldados heridos (descuartizados en realidad) en el campo de batalla.

La palabra ‘expiación’ hace referencia a la purificación de la culpa mediante el cumplimiento de una pena impuesta, por las autoridades o por uno mismo. Expiar significa actuar para obtener la redención; esta palabra a su vez quiere decir ‘salvar’ o ‘rescatar’ a alguien o a si mismo, liberar(se) o dar por terminado un castigo. Al dedicar su vida al cuidado de los otros heridos y descuartizados por una guerra que no es suya, Briony va expiando su culpa, va encontrando un camino de redención. Este culmina con la publicación de su última novela, que es autobiográfica y donde narra los eventos que tuvieron lugar casi sesenta años atrás. En su historia parte cierta y parte imaginada, Briony no es perdonada por los otros. Al contrario, ellos viven consumidos por el resentimiento. Ella imagina su crimen (mentir) y su consecuencia (prisión para el acusado) imperdonable y por ello vive una vida de expiación y redención. La publicación de su novela es un acto simbólico de liberación.

La historia de Briony, Cecilia y Robbie puede ser la historia de cualquiera de nosotros. En ella encontramos algunos de los temas que [brevemente] visitamos en los artículos previos: la irreversibilidad del pasado y el futuro secuestrado por un evento. Valdría la pena preguntarnos cuántas cosas “no han sido hechas ‘contra’ nosotros” que han marcado el resto de nuestras vidas simplemente porque no hemos podido perdonarlas y ‘dejarlas ir’.

¿Por qué resulta tan difícil perdonar? De momento, pienso que no perdonar nos ofrece la ilusión de que somos personas éticas, ya que conlleva el rechazo de acciones transgresoras que han causado un daño [real] a otras personas. En el terreno de lo personal, me parece que no perdonar no nos identifica o define como personas éticas, al contrario. No perdonar, condena a una persona no a la acción que ha cometido. No perdonar encasilla a una persona (mata una vaca y te dirán mata-vacas). Al no ser perdonado y ser rechazado por el acto cometido, una persona pierde su humanidad -al menos ante otros. Al negarle su humanidad (y de alguna manera su futuro) a una persona, no estamos cumpliendo con el primer precepto de la ética [budista]: Ahimsa o No Violencia. No perdonar es un acto de [sutil] violencia no sólo hacia el perpetrador, sino hacia nosotros mismos.

La segunda parte de la cita de Derrida, que no escribí al inicio, dice “… que existe que el perdón sea otorgado, incluso a alguien que no lo ha pedido, que no se arrepiente o confiesa o se mejora o redime a si mismo…” Perdonar de esa manera es un acto radical y apunta hacia la naturaleza incondicional del perdón. Al pedir perdón una lo hace de manera incondicional; al otorgarlo una lo hace de la misma manera. No pide nada a cambio. Visto así, la radicalidad implícita en el perdón es una cuestión de ética. El perdón no pide nada a cambio, ni cuando se pide, ni cuando se otorga. El perdón honra nuestra humanidad.

Habiendo dicho esto, también propongo que quien transgrede y con su transgresión ha causado daño a otros, si quiere liberarse, no de la acción perpetrada, sino de la posibilidad de repetir acciones semejantes con resultados semejantes en el futuro, entonces precisa hacer algo. Para ese algo, recurro a la enseñanza budista (Anguttara Nikaya 3.4; y Majjhima Nikaya 61 y 104) donde se habla de la confesión. En ellas el Buda enseñó, que para que una confesión sea genuina una debe:

  1. Revelar y dejar abierta (a la vista) la transgresión (o transgresiones) especificas que una ha cometido.
  2. Que una puede ver que lo que se ha hecho constituye una transgresión y que, al cometerla, se ha actuado de manera torpe -no ética.
  3. Afirmar que una está tomando las medidas necesarias para practicar la moderación y el contento y, evitar la recurrencia;
  4. Afirmar que una ha hecho (o hará) enmiendas con aquellos que han sido dañados.

Confesar, ante una misma y/o ante personas calificadas (amigos o autoridades) se precisa, pida o no pida una perdón, se otorgue o no. La confesión y lo que le sigue son importantes para asegurar un bienestar emocional, psicológico y espiritual. En mi experiencia personal, cuando una sigue al menos los tres primeros pasos, la necesidad de pedir perdón y de hacer enmiendas surge de manera espontánea. Casi puedo decir que, en mi experiencia, pedir perdón lo mismo que el deseo de reparar son resultado de una reflexión profunda sobre acciones cometidas que han tenido el poder de dañar o lastimar a otras personas y, de romper relaciones que fueron importantes en mi vida.

Para pedir perdón, no se precisa que nos perdonen. Pedir perdón también debe ser incondicional. Al pedir perdón, una misma está finalmente aceptando la irreversibilidad del pasado y lo estamos dejando ir; y a la vez nos ofrecemos un futuro que no está en deuda con ese evento del pasado. El perdón radical o incondicional consiste en perdonar, incluso, lo aparentemente imperdonable.

No seré responsable de lo que se me ha hecho, Pero seré responsable de cómo respondo ante ello.” Viktor Frankl – The Man in Search for Meaning

Akasavajri Martha practica la psicoterapia, es practicante budista desde 1994 y miembro ordenado de la Orden Budista Triratna desde 2006.

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