¿Qué es el amor para el budismo?

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Ciudad de México.- “Todo lo que necesitas es amor” dijeron Los Beatles, y el budismo coincide con ello. Sin embargo, las nociones de amor que existen en Occidente difieren en gran medida de las que se describen en el budismo. Así, con el fin de entender cómo es que el amor puede beneficiarnos verdaderamente a nosotros y a los demás, es importante que tengamos un entendimiento claro de lo que es.

En el budismo, el amor se define como el deseo de que los demás sean felices y tengan las causas de la felicidad. También es la cualidad de ser sensibles ante las necesidades de los demás y pensar en lo que podría hacerlos felices. Esto incluye la voluntad de hacer algo para ayudar a contribuir con su felicidad, expresado en actos afectuosos de amabilidad.

El amor se basa en entender que todos son iguales en su deseo y en su derecho de ser felices y, debido a ello, en el budismo el amor es universal e incondicional. Se extiende hacia todos de forma equitativa, sin importar su relación con nosotros o lo que hayan hecho, y no espera nada a cambio.

La relación entre el amor y el apego

Las emociones, tales como el apego, con frecuencia acompañan al amor. En la psicología occidental, la teoría del apego describe la dinámica de las relaciones interpersonales a largo plazo basadas en la confianza, como el apego que un niño les tiene a sus padres. Este apego o vínculo cercano puede ser seguro, inseguro o ambivalente, e involucra un cierto grado de dependencia. En los adultos, las dinámicas de apego se extienden a las relaciones románticas.

En el budismo, sin duda el amor implica cierta sensación de cercanía con el otro, pero dado que no espera nada a cambio, es irrelevante si el otro nos ama o se preocupa por nosotros. No hay dependencia de nadie. Desde la perspectiva budista, el apego en una relación es una emoción perturbadora.

En este contexto, el apego estaría basado en una exageración de las cualidades positivas de alguien (sean reales o imaginadas) y una negación de sus defectos. Esto nos recuerda lo que en Occidente llamamos “amor ciego”, pero es más que eso. Cuando estamos apegados a alguien nos aferramos a esa persona por inseguridad y no queremos soltarla, por lo que fácilmente nos volvemos insensibles a sus necesidades. Por ello, con frecuencia hacemos solicitudes irracionales, como querer que estén con nosotros de forma exclusiva, por lo que nos alteramos exageradamente si no nos prestan atención o, peor aún, si nos rechazan. Nos volvemos dependientes y pensamos: “te amo, no me dejes nunca, no puedo vivir sin ti”. Así, el apego es un estado mental sumamente perturbador y no tiene cabida en el tipo de amor apacible que se cultiva en el budismo.

La estabilidad del amor

Cuando el amor está mezclado con apego y dependencia no es estable. Si la persona que amamos hace algo que nos lastima es posible que dejemos de amarla. Esto es fácil de entender, ¡simplemente observemos cuántos matrimonios empiezan con amor y terminan en divorcio!

Por otro lado, desde la perspectiva budista el amor es mucho más estable. Dado que está libre de apego y no tiene expectativas, nada puede hacernos dudar de él. Cuando los demás actúan de formas destructivas y nos tratan con rudeza, los vemos como un padre ve a su hijo travieso, y aún los amamos. Sin importar lo que hagan, aún así deseamos que sean felices. Con este tipo de amor estable hacia todos, basado en un profundo sentido de interconexión, obtenemos la fortaleza para lidiar incluso con las personas más difíciles.

Por supuesto, todo tiene un límite. Cuando a quien amas toma por costumbre el mal trato, las ofensas, los golpes, insultos  y lo único que hace cada vez que te lastima es pedirte perdón, pero lo repite una y otra vez, es momento que analices si es conveniente para tu salud emocional continuar en esta relación en la que evidentemente no hay amor, ni nada que se le parezca. 

Es momento de pensar en el amor hacia tí mismo.

Amor hacia nosotros mismos

El amor universal e imparcial incluye tener una actitud amorosa hacia nosotros mismos, pero no de forma narcisista o autocentrada. La basamos en una preocupación sincera por nuestro bienestar a corto y a largo plazo. Es posible que no nos gusten ciertos aspectos autodestructivos de nuestra personalidad, pero eso no significa que nos deseemos la infelicidad (lo opuesto del amor). Naturalmente, nos deseamos la felicidad a nosotros mismos.

Cuando dirigimos el amor (como lo definimos en el budismo) hacia nosotros mismos, no estamos simplemente deseando algo que satisfaga nuestro deseo insaciable por placeres sensoriales y entretenimiento.

La pequeña cantidad de felicidad que obtenemos de semejantes cosas nunca dura y siempre terminamos deseando más. Con el amor sincero nos deseamos tener las causas más profundas para la felicidad a largo plazo. Cuando realmente queremos ser amables con nosotros mismos, esta actitud amorosa nos motiva a encontrar, aplicar y sostener las causas que producen la felicidad a largo plazo. Una de las causas más efectivas es desarrollar el amor universal e imparcial hacia todos.

Autor: studybuddhism.com

 

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