Siddharta y Muchalinda, la Serpiente-Dragón

El Buda describió al nirvana como la perfecta paz de una psique que está libre de todo tipo de: ignorancia, avidez, odio, resentimiento, frustración y otros estados doloros o «insalubres»..
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Por: Akasavajri Martha E. Ríos López

“Más allá de lo racional y de la superficie conceptual de la mente del ser humano nos encontramos con profundidades inexploradas que forman lo que llamamos el inconsciente…Si queremos alcanzar esta parte no racional de la psique humana tenemos que usar el lenguaje de la poesía, de los mitos y leyendas.” Sangharakshita – El Simbolismo Arquetípico en la Biografía del Buda

 Recientemente leía en “El Budismo: su enseñanza y su práctica”, de Sangharakshita, lo relativo al potencial poder que los mitos, las imágenes, los símbolos y la poesía pueden tener en la psique humana. Más tarde, ese mismo día, mientras caminaba vinieron a mi mente, dos escenas de la biografía del Buda que siempre me han fascinado: Una es la de las danzantes Hijas de Mara y, la otra, la de Siddhartha después de la Iluminación bajo una lluvia torrencial siendo protegido por la gran serpiente-dragón: Muchalinda Nagadaranaya.

Estas dos escenas muestran a Siddhartha enfrentando aspectos propios de nuestra humanidad compartida justo antes de la Iluminación, y durante 7 semanas después del gran evento -cuyas sacudidas sísmicas seguimos percibiendo hoy en día. Nos muestran a un Siddhartha primero acosado por fuerzas de la mente y la psique que le quieren obstaculizar su iluminación, y otras que le permitirían la comprensión e integración profunda del Despertar.

Hace casi 2,600 años Siddhartha se sentó bajo el árbol Bodhi e hizo el voto de no moverse hasta que alcanzara la iluminación. Durante esa noche de Mayo se desplegó lo que conocemos como Anuttara Samyak  Sambhodi, o sea, la Incomparable Iluminación Completa. Previo a esta consumación, Mara trata de impedir sus planes enviando a sus tres hijas Tanha (avidez), Raga (lujuria) y Arati  (aversión). Mara conoce lo suficiente de la naturaleza humana, como para saber el posible impacto que pueden tener el deseo, la lujuria y la aversión. Mara confía en que Siddhartha encontrará difícil no sucumbir ante los placeres sensoriales que personifican sus hijas.

En el budismo Mara personifica la desgracia, las acciones no-éticas, la destrucción y la muerte. Mara aparece como el gobernante del deseo y la muerte, los dos males que encadenan al hombre a la rueda del renacimiento incesante. Mara vilifica al ser humano, le ciega, y le guía de manera implacable hacia la consumación de los placeres sensoriales; una vez que el ser humano se encuentra bajo su poder, Mara no sólo puede impedir su camino hacia la libertad, sino que también es capaz destruirlo al hacerlo presa de sus deseos. Esto, por ejemplo, sucede en el caso de las adicciones.

El mito nos cuenta que Siddhartha se dio perfecta cuenta de los estados mentales que le asaltaron en el último trecho de su camino hacia el Despertar. Literalmente su mente (siguiendo una línea de lectura más psicológica) quizo sabotearlo y de la manera más terrible: a través del deseo por placeres sensoriales. Gracias a que se dio cuenta de que las hijas de Mara no era sino creaciones de su mente, Siddhartha pudo contemplar su naturaleza ilusoria con serenidad y compasión y seguir adelante sin inmutarse ante su presencia.

La aparición de Mara en todo su esplendor junto antes de la Iluminación, sugiere que la mente habitual opondrá una resistencia, en ocasiones feroz, a cualquier cambio sobre todo cuando intuye que este será radical e irreversible.  Ante esto, en ocasiones el practicante del Budadharma puede dudar si quiere seguir adelante o no. Es como si tuviera frente a si la perspectiva: “si escoges la píldora roja despertarás a la verdadera naturaleza del samsara; mientras que si eliges tomar la píldora azul, te quedarás viviendo en la ignorancia creyendo lo que quieras creer.”

Es importante enfatizar que la renuncia a los placeres sensoriales no es algo impuesto en el Budismo, como a veces asumimos ya que se insiste mucho en un entrenamiento en los preceptos de la ética. La renuncia es algo que surge de manera natural y espontánea conforme el practicante va profundizando su práctica del Budadharma. La renuncia es un producto emergente del insight -o percatamiento. Sólo que antes de que ello suceda, habrá una parte muy humana, demasiado humana que peleará a muerte para que esto no suceda.

La segunda escena ocurre después de la Iluminación. El mito nos cuenta que el Buda estuvo 7 semanas meditando, absorbiendo e integrando su Despertar. En el transcurso de las mismas se desató una lluvia torrencial y una enorme cobra, Muchalinda, salió y enrolló su cuerpo alrededor del Buda para mantenerlo caliente y colocó su capucha sobre su cabeza para protegerlo de la lluvia. Algunas interpretaciones sugieren que esta imagen representa los poderes divinos del rey -El Rey del Dharma. Las tres bobinas de los Nagas pueden ser simbólicas de las Tres Joyas: el Buda, el Dhamma (sus enseñanzas) y la Sangha (la comunidad de practicantes). Como comenté en otro artículo, el Naga ascendente puede significar la energía divina creciente, kundalini, alcanzada con prácticas yógicas. Las siete cabezas de Muchalinda pueden representar los chakras o centros de energía del cuerpo. O sea, Siddhartha al despertar, activó poderosas capacidades psico-físicas y espirituales que le protegerían a través de las lluvias más torrenciales.

En la psicología arquetípica iniciada por Carl Jung, la lluvia es un símbolo positivo que significa que alguien encontró la solución a cierta situación o problema. Desde esta perspectiva, la lluvia y la tempestad, representan, a ese nivel arquetípico, una solución muy importante para un problema muy grande. Es como el griego Arquímedes quien al entrar a su bañera notó que el nivel del agua subía al ir sumergiendo parte del cuerpo. En un instante comprendió que había encontrado una forma de medir el volumen de objetos irregulares con precisión. Lleno de emoción saltó de su bañera, salió a la calle y corriendo desnudo exclamaba “Eureka”. Esta palabra significa “lo encontré.” El Buda, después de salir airoso de su encuentro con Mara, sus hijas y sus ejércitos, tocó la tierra en un gesto que indica que su ‘búsqueda’ había llegado a su fin, que había Despertado, que dejando atrás la ignorancia, en él había surgido sabiduría; y que, había encontrado una ‘fórmula’, por así decirlo, que le permitió a él y permitiría a los seres humanos, poner fin al sufrimiento y con ello a la existencia cíclica. Después de su Despertar, Siddhartha se toma al menos 7 semanas para absorber la experiencia y 45 años para profundizarla y, en el camino, comunicarla a los demás.

Como empezó una tormenta, desde abajo de sus raíces surgió Mucalinda —rey de los nagas serpiente—, se enroscó alrededor de Gautama y lo cubrió con su caperuza. Y vino el nirvana

¿Qué podemos aprender de estas dos escenas? Entre otras cosas, que los condicionamientos que tenemos como seres humanos son profundos y que se requiere paciencia, disciplina y continuidad de propósito para empezar a ver cuales son estos, para ver sus orígenes, para empezar a ‘desenredarlos’ y para, finalmente empezar a ‘ver’ o ‘experimentar’ en nosotros cambios reales y duraderos. Significa que a lo largo de nuestra vida espiritual seremos visitados por ‘Mara’ o estados mentales que nos incitarán a actuar de una manera tal vez ‘no-ética’ o que contraviene lo que estamos haciendo. Conforme nuestra práctica va encontrando un arraigo más profundo e irreversible en nuestra conciencia, podremos contemplar con mayor templanza y serenidad los embates de Mara, hasta que finalmente lleguemos al punto de no reaccionar en absoluto y verlos por lo que son: espejismos y quimeras creados por la mente. Mientras que la segunda escena, nos invita a que tomemos el tiempo necesario para descifrar las implicaciones de los insights (o percatamientos) pequeños o grandes que vayamos teniendo durante la vida espiritual. Finalmente, nos indican que Siddhartha o el Buddha fue un ser humano; que lo que él hizo, nosotros también lo podemos hacer.

Akasavajri Martha trabaja como psicoterapeuta, facilita intervenciones basadas en Mindfulness (la Atención Plena) y es miembro ordenado de la Orden Budista Triratna.

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